lunes, 26 de marzo de 2018

GESTIÓN DE LOS SEGUROS PERSONALES DE PREVISIÓN CON EL PASO DEL TIEMPO



Cuando una persona se independiza y, sobre todo, a partir del momento en el que constituye un núcleo familiar o adquiere ciertas responsabilidades con terceras personas desde un punto de vista afectivo y toma consciencia de unas obligaciones morales y/o patrimoniales, como por ejemplo la compra de una vivienda, el inicio de un negocio, etc. se plantea en ese momento la cuestión: “¿Qué pasa si, por cualquier circunstancia, yo falto o, temporalmente, no puedo asumir mis responsabilidades patrimoniales?”.

Es en ese momento cuando nos planteamos la contratación de los seguros de previsión convencionales básicos, los de toda la vida: el seguro de vida tradicional, el seguro de accidentes y, principalmente en el caso de los autónomos, el seguro de baja diaria que tiene como objetivo hacer frente a las necesidades del día a día en el caso de una baja por motivo de un accidente o una enfermedad común que en ocasiones puede llegar a ser de más de un año de duración.

Pero como nuestras circunstancias personales evolucionan, lo que en un momento determinado se adapta perfectamente a nuestra situación en una fase concreta de nuestra vida, con el paso del tiempo se puede quedar obsoleto: nuestros hijos acaban sus estudios y se emancipan (o no, en el peor de los casos), acabamos de pagar la hipoteca (o no, en el peor de los casos), etc. Y entonces nos planteamos la necesidad de seguir manteniendo unas pólizas que se han ido encareciendo con el paso del tiempo (como pasa siempre en el caso de las pólizas de vida anual renovables) o no son tan necesarias como en el momento concreto en el que se contrataron (seguro de orfandad, cuando los hijos finalizan sus estudios, o seguro de accidentes, en el caso de personas con actividades profesionales de riesgo).